Ayer demostramos que frente a la adversidad, la solidaridad también puede convertirse en una fuerza capaz de transformar realidades.
Hay momentos en los que las palabras parecen insuficientes para expresar lo que significa estar al lado de quienes más lo necesitan. El terremoto del pasado 10 de agosto dejó dolor, pérdidas e incertidumbre en muchas familias del Quindío. Pero también despertó algo poderoso: la capacidad de las personas para unirse, ayudar y demostrar que nadie tiene que enfrentar solo los momentos más difíciles.
Hoy, desde la Humboldt, queremos hacer una pausa para decir gracias.
Gracias a cada estudiante, docente, colaborador y voluntario que respondió al llamado y puso su tiempo, su energía y sus manos al servicio de esta misión. Más de 500 integrantes de nuestra comunidad participaron en las jornadas de recepción, organización y distribución de las ayudas, en extensas jornadas que hicieron posible que la solidaridad llegara hasta quienes la estaban esperando.
Gracias a los ciudadanos de la Bogotá, que hicieron sus aportes en el centro de acopio del estadio Nemesio Camacho El Campín; la empresa Sencia; la Alcaldía Mayor de Bogotá; la Cruz Roja seccional Cundinamarca; y la Cruz Roja seccional Bogotá, quienes, entendieron que una caja de alimentos, un elemento de aseo, una colchoneta, una almohada, un litro de agua o alimento para una mascota podían significar mucho más que un objeto: podían representar alivio, dignidad y un mensaje silencioso que dice “no están solos”.
Gracias también a Comfenalco Quindío, cuyo apoyo en transporte y almacenamiento fue fundamental para mantener activa esta cadena de solidaridad; a las Pastorales Sociales de los municipios y al Club Rotario de Quimbaya, que acompañaron el proceso para que las ayudas fueran entregadas de manera organizada a las comunidades que más las necesitan.
60 toneladas que cuentan una historia
Detrás de las 60 toneladas de ayuda humanitaria gestionadas por la Humboldt hay mucho más que una cifra.
Hay personas que decidieron compartir lo que tenían. Hay madrugadas de voluntarios llegando a recibir los vehículos. Hay jornadas de más de diez horas organizando, cargando y clasificando. Hay familias esperando en diferentes municipios. Hay instituciones que abrieron sus puertas y pusieron sus recursos al servicio de una causa común. Y hay una comunidad universitaria que entendió que su compromiso con el territorio también se demuestra estando presente cuando más se necesita.
Las ayudas, conformadas por alimentos no perecederos, elementos de aseo, agua, colchonetas, almohadas, alimentos para mascotas y otros elementos esenciales, han comenzado a llegar a Quimbaya, Montenegro, Filandia y La Tebaida, y también han sido destinadas a comunidades de otros municipios, así como a fundaciones, hospitales y ancianatos del departamento.
Cada entrega representa una pequeña victoria frente a la adversidad.
Porque reconstruir no significa únicamente levantar nuevamente una pared o reparar una vivienda. También significa recuperar la confianza, sentir el respaldo de otros y encontrar razones para volver a mirar hacia adelante.
Una comunidad que estuvo a la altura del momento
La emergencia nos recordó que una universidad no se construye únicamente en sus aulas, laboratorios o espacios académicos. También se construye en la manera como responde ante las necesidades de su territorio.
Y en estos días, la comunidad Humboldt respondió con generosidad, tiempo, trabajo, empatía y humanidad.
Por eso, este balance no es solamente el balance de una operación logística. Es el testimonio de lo que podemos lograr cuando muchas voluntades se encuentran alrededor de un propósito común.
A quienes hicieron parte de esta misión, queremos decirles que cada esfuerzo valió la pena.
Gracias por demostrar que el Quindío no está solo
La Humboldt agradece profundamente a toda su comunidad y a cada persona, empresa, institución y organización que hizo posible esta misión humanitaria.
La emergencia todavía representa grandes desafíos y el camino de recuperación será largo. Pero estos días nos dejan una certeza: cuando nos unimos, la solidaridad puede recorrer cientos de kilómetros, convertirse en toneladas de ayuda y llegar directamente a las manos de quienes más la necesitan.
Que este esfuerzo colectivo nos recuerde que la esperanza también se construye entre todos.